Podemos considerar como antecedentes de la prensa la labor de redacción, en Grecia y roma, de noticias escritas en tablillas de cera, que utilizaban para comunicarse entre las provincias de sus grandes imperios y para dejar constancia de multitud de hechos.
En la Edad Media, empieza a florecer el comercio, y con las rutas de la seda se introduce el papel en Europa a través de España, más o menos en el siglo X. Durante los siguientes siglos seguirán proliferando los documentos escritos gracias a las universidades, y en el S. XIV la transmisión de noticias dio otro gran salto, también a mano de España, con el dominio de las rutas marítimas. El descubrimiento de América generó una gran necesidad de conocimiento: se recuperó la tradición china de imprimir libros con tablas de madera entintadas, se revitalizó el sistema de correo que habían creado los romanos y comenzaron a circular las hojas volantes. En este surgió la figura del copista, un oficio determinante para la historia de la prensa.
En el Renacimiento se manejaban cuatro tipos de documentos: las crónicas, narraciones históricas propagandísticas e instituciones; las cartas-diario, que realizaban las casas comerciales para comunicar cualquier asunto relacionado con los negocios y con la información política y militar; los almanaques que incluían predicciones astrales, avances del tiempo, consejos…; los avvisi, eran unos folios plegados con noticias relacionadas con el tráfico de mercancías, precios y sucesos curiosos. Salían una vez por semana y su precio era una moneda conocida como gazzeta, que al final terminó dándole el nombre. Éstas son el mejor ejemplo del “noticierismo manuscrito”. Se vendían en las plazas y a través del correo regular. Llegó un momento en el que los copistas no eran capaces de satisfacer la demanda y como el papel ya se había instalado en Europa se investigaba sistemas de impresión rápidos. Johann Gensfleich zum Gutenberg fue uno de esos investigadores. Alrededor de 1434 residía en Estrasburgo y trabajaba en su invento perfeccionándolo hasta terminar con una imprenta de tipos móviles tan perfeccionada que no se modificó hasta el S. XVIII.